GINGERELLE: "Hogar de una bella genio"











Se sabe que la personalidad de cada individuo le otorga rasgos, estilos de conducta y formas de ver y vivir la vida que le son característicos y únicos. Sin embargo, hay personas que son más “únicas” que otras y que se caracterizan por conductas extravagantes, disruptivas y llamativas, porque usan palabras rebuscadas o expresan sus ideas de curiosas maneras, porque hacen cosas fuera de lo común y ven la vida de forma muy poco convencional.

Tradicionalmente llamados desde raros y locos, hasta extravagantes y genios, este grupo de personas alberga a individuos cuya creatividad no tiene duda, como Salvador Dalí, Charles Chaplin o la cantante islandesa Björk. Los tres comparten rasgos de lo que la ciencia ha descrito como personalidades esquizotípicas: a sus raras maneras de vestir o actuar, se suman -entre otros rasgos- estallidos de energía creativa que los motiva a pasar horas realizando sus propias locuras, momentos de alta conexión social en los que sus frases y bromas son el deleite de sus amistades, y lapsos en los que se distancian del mundo para observar desde su refugio lo que sucede en su entorno.

Y si bien el sentido común indicaba que estos sujetos eran más creativos e ingeniosos que el resto, sólo ahora un estudio científico comprueba y explica esta asociación. La investigación, de la U. de Vanderbilt (EE.UU.), analizó cómo funcionaba el cerebro de los individuos extravagantes ante diversos desafíos.

Hemisferios aprovechados

¿Qué nuevo uso inventaría usted para un plato, un tenedor, un vaso, un rallador, aguja e hilo, o una coctelera? Estas fueron las preguntas que los sicólogos Brad Folley y Sohee Park plantearon a personas con personalidades estándar, a otros de rasgos esquizotípicos y a personas con grados leves de esquizofrenia. El segmento de los extravagantes -al igual que los otros dos- fue capaz de reconocer un objeto (el tenedor, por ejemplo) y asociarlo rápidamente, con el área que correspondía (utensilios para comer). Esta capacidad, indican los investigadores, se basa en el trabajo de reconocimiento y clasificación liderado por el hemisferio izquierdo del cerebro, que permite -por ejemplo- reconocer las llaves del auto del manojo en el que también se encuentran las de la casa.

Sin embargo, las diferencias se evidenciaron cuando se pidió a las personas que idearan nuevos usos para esos y otros objetos, como un estetoscopio, un matamoscas o una llave de tuercas. Al monitorear la actividad del cerebro de los voluntarios que trataban de mezclar usos entre un rallador y una coctelera, “descubrimos que los tres grupos usaban ambos hemisferios en las tareas creativas, pero que los de rasgos esquizotípicos mostraban una activación tremendamente mayor del lado derecho del cerebro”, dice Folley.

Es este sector el que ha permitido al ser humano idear, por ejemplo, una punta aguzada con un agujero en un extremo para pasar el hilo y coser prendas, en vez de abrir la tela e intentar pasar un hilo a través de ella. En el caso de los extravagantes, esta capacidad creativa les permitiría crear -como en el caso de Dalí- nuevas y revolucionarias formas de representar la realidad; de causar risas en la audiencia logrando -al mismo tiempo- plasmar críticas sociales como en el caso de Chaplín; o crear canciones que mezclan desde avanzados sintetizadores hasta el canto de ballenas y aparecer en una entrega de premios fílmicos vestida de panal de abeja o de mariposa, como Björk.

En lo cotidiano, es el que nos permite descubrir dónde podría estar el baño cuando vamos a un nuevo restaurante, usar los más insólitos elementos para disfrazar a los hijos y valorar la novedad de las nuevas modas juveniles, entre otras situaciones.



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